AFINACIÓN ESTABLE.- Vamos a entender la afinación estable como aquella que va a ser la más duradera en el tiempo, aún a pesar de la variación de los parámetros que influyen en su modificación y de la forma de tocar del pianista.
Sabemos que los factores que más influyen en la desafinación de un piano son las variaciones de temperatura y los cambios de humedad. Pero son sobre todo los cambios de temperatura lo que más afecta a la afinación general del instrumento. A lo largo del año se producen dos veces cambios importantes de temperaturas: esto ocurre con la llegada de los calores, en verano y con la llegada de los fríos, en invierno. Entre el calor del verano y el frío del invierno, y al revés, tenemos dos periodos de tres meses cada uno, de transición que dan paso a las dos estaciones de temperaturas extremas. Cuando empieza a cuajar la temperatura correspondiente a una y otra estación, que será normalmente para allá en junio y luego en noviembre, serían las dos épocas ideales para proceder a realiza una buena afinación, que podría llegar a mantenerse de forma aceptable para cualquier pianista, con una exigencia normal de afinación de su instrumento, ya sea de estudio o bien para tocar por placer.
Pero después de todo lo dicho, hay un factor importantísimo que es precisamente el que permite que la afinación se mantenga aceptablemente estable durante los seis meses, hasta que llega de nuevo el cambio de estación que es cuando el piano ya pide la segunda afinación, en este caso anual. Ahí es donde tenemos que hablar, irremisiblemente, del factor: estabilidad de la afinación!. Y que significa esto? Pues sencillamente que una vez se termina de afinar un piano, se inicia el proceso, natural por otra parte, de desafinación del mismo. Sí o sí. Y contra esto no se puede hacer nada. Bueno, sí que se puede ralentizar este proceso en el tiempo, lo que redunda en poder disfrutar de tocar el piano en mejores condiciones de afinación hasta que le llega la afinación siguiente.
Por tanto una buena afinación consiste en no solo dejar el piano bien afinado una vez terminado el trabajo, sino también y además tan importante como la misma afinación, en estabilizar al afinar, todas y cada una de las notas, antes de pasar a la nota siguiente para continuar con el trabajo. Por eso, entre otros factores, no hay un tiempo determinado para afinar un piano, sino que este dependerá también, sin duda alguna, de la exigencia del afinador consigo mismo, es decir de la rigurosidad con su trabajo bien hecho y que tenga la calidad en forma de duración en el tiempo. Calidad que no se puede conmensurar en el momento en que concluye su trabajo, sino en el transcurrir del tiempo.
La satisfacción del trabajo bien hecho es, a la larga, activo primordial y de prestigio de cualquier empresa o afinador profesional que se precie y sepa apreciar a sus clientes.
Un buen afinador debe de poseer, aparte de un buen oído, cualidad que se le supone, una buena técnica, mucha experiencia, gran paciencia y una gran sensibilidad. Y si es buen pianista, será el primero en poder disfrutar de su trabajo y transmitirlo a su cliente.
Juan Gayá
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Un niño ve un piano, corre hacia él, y con el índice empieza a pulsar algunas teclas, se gira y nos mira, a la vez inocente y pícaro, esperando nuestro aplauso. Una escena que muchos hemos observado. Y qué decir de la expresión del niño al ver interpretar a un adulto: ¡puro asombro!
El piano, este sublime logro de la cultura occidental, nos atrae y fascina desde nuestra infancia. Ya su mera presencia, noble y elegante, ejerce en muchos de nosotros un respeto reverencial.
¿Acaso no ocupa un espacio privilegiado en nuestra casa? ¿No ha sido un protagonista en la celebración de Navidades, cumpleaños, aniversarios y toda clase de celebraciones en nuestro hogar?
Ahora bien, alcanza todo su esplendor cuando escuchamos una obra de uno de los grandes maestros ejecutada por un buen intérprete. Entonces, nos vemos embargados por emociones que conmueven nuestro espíritu pero que nos son difíciles de describir por su intensidad y naturaleza.
Se ha avanzado mucho en la descripción científica de estas emociones por parte de la psicología de la música, especialmente de la neurociencia de la música. Sin embargo, lo que queremos poner de relieve ahora es la excelsa poesía que emana de este instrumento y que escapa a una explicación materialista.
Entre los ancestros del piano moderno encontramos antiquísimos instrumentos como la cítara, el salterio, el escaque, el monocordio, el hidraulis, ya más adelante la zanfona; pero el gran avance se produjo gracias al clavicordio y el clave (también denominado clavicémbalo o clavecín). Sin embargo, con el pianoforte nace un instrumento que evolucionará hasta piano actual. Esta genialidad se la debemos al italiano Bartolomeo Cristofori (1655-1731), sin olvidar al alemán Gottfried Silbermann (1683 – 1753). A partir de ahí, con la Revolución Industrial, aparecieron multitud de fabricantes. La producción se masificó, empujada por la demanda de la burguesía, para después suministrar a las clases más populares instrumentos baratos y de baja calidad.
Gracias a la competencia se produjo un gran avance técnico, incorporándose más y más patentes. Pero se llegó a un punto de inflexión.
Por ejemplo, en 1920 solo en Londres existía un centenar de fabricantes, hoy únicamente sobrevive un pequeño fabricante en todo el Reino Unido. En España la fabricación de pianos tiene su época más interesante entre mediados del s. XVIII y finales del XIX. Ya no queda ningún fabricante, posiblemente, la última fábrica de España estuvo en Mallorca, activa hasta los años 70 del pasado siglo.
En pocas palabras, la industria del piano ha seguido la senda de la industria mundial: concentración y globalización.
Ahora bien, no quisiera terminar estas breves pinceladas sobre este instrumento, sin rendir homenaje y reconocimiento a una profesión que mientras exista el piano acústico será imprescindible: la de afinador y reparador.
Estamos por afirmar que existen muchos menos reparadores buenos que buenos ejecutantes de piano. Es una profesión reservada a unos pocos profesionales que tienen que aunar un talento particular y unos conocimientos muy exigentes. No cabe duda de que Juan Gayà es un destacado representante de este gremio tan selecto. Su amor por la música es incondicional y su pasión por el instrumento inmensa. Su amplia experiencia en mecánica de precisión y comportamiento de materiales se ve reforzada por su profundo conocimiento de la historia y evolución del piano así como por una gran cultura musical. Además, posee unas dotes innatas para la afinación.
Cuando Juan Gayà se nos presenta en nuestro hogar vamos a vivir una experiencia sorprendente. Observaremos cómo lo complicado se hace fácil, cómo el instrumento venido a menos se recupera, vuelve a la vida para agradar otra vez a su propietario. Pero esta acción, aparentemente mágica, no es obra exclusivamente de un gran experto, sino de un personaje de desbordante humanidad, que amablemente nos informará de todas la acciones a emprender, además de obsequiarnos con alguna que otra deliciosa anécdota.
En resumen, nos encontramos ante un técnico y un artista (porque las dos dimensiones son imprescindibles para ser un gran profesional de la reparación del piano) que hace honor a este instrumento tan querido por los amantes de la música.
Muy agradecido Sr. Jorda por su magnífico escrito. Ha sido todo un placer leer sus opiniones.
gracias de corazón.
Juan Gayá
Muy apreciado Señor Gayá
De todo corazón quisiera agradecerle el que haya devuelto a dar vida a mi piano. Su alma canta de nuevo y mi alma baila a su compás.
El amor a la música es una clase de amor difícil de describir, pues es como el viento, se puede sentir pero no se puede ver. Y una vez que una persona se abre a este amor, se llena de magia su corazón.
Gracias por haber compartido conmigo su amor hacia la música, y poder ahora sentir de nuevo esa magia en mi corazón.
Reciba un saludo cordial de
Alana Louisa